La vuelta · 1879

Canto 25

XXV

21 estrofas · 126 versos

Después de muy pocos días,

tal vez por no dar espera

y que alguno no se juera,

hicieron citar la gente,

pa riunir un contingente

y mandar a la frontera.

Se puso arisco el gauchaje:

la gente está acobardada;

salió la partida armada

y trujo como perdices

unos cuantos infelices

que entraron en la voltiada.

Decía el ñato con soberbia:

"¡Esta es una gente indina!

Yo los rodié a la sordina:

no pudieron escapar;

y llevaba orden de arriar

todito lo que camina."

Cuando vino el Comendante

dijeron: "¡Dios nos asista!"

Llegó les clavó la vista

(yo estaba haciendome el zonzo);

le echó a cada uno un responso

y ya lo plantó en la lista.

"¡Cuadráte!", Le dijo a un negro.

"Te estás haciendo el chiquito,

cuando sos el más maldito

que se encuentra en todo el pago.

Un servicio es el que te hago,

y por eso te remito."

"Vos no cuidás tu familia

ni le das los menesteres;

visitás otras mujeres,

y es preciso, calavera,

que aprendás en la frontera

a cumplir con tus deberes."

"Vos también sos trabajoso;

cuando es preciso votar

hay que mandarte llamar

y siempre andás medio alzao;

sos un desubordinao,

y yo te voy a filiar."

"¿cuánto tiempo hace que vos

andás en este partido?

¿Cuantas veces has venido

a la citación del juez?

No te he visto ni una vez:

has de ser algún perdido."

"Este es otro barullero

que pasa en la pulpería

predicando noche y día

y anarquizando a la gente:

irás en el contingente

por tamaña picardía."

"Dende la anterior remesa

vos andás medio perdido;

la autoridá no ha podido

jamás hacerte votar:

cuando te mandan llamar

te pasás a otro partido."

"Vos siempre andas de florcita:

no tenés renta ni oficio;

no has hecho ningún servicio;

no has votado ni una vez.

¡Marchá!... Para que dejés

de andar haciendo perjuicio."

"Dame vos tu papeleta:

yo te la voy a tener.

Esta queda en mi poder;

despúes la recogerás,

y ansí, si te resertás,

todos te puedan prender."

"Vos, porque sos ecetuao,

ya te querés sulevar;

no vinistes a votar

cuando hubieron eleciones;

no te valdrán ececiones:

¡yo te voy a enderezar!"

Y a éste por este motivo

y a otro por otra razón,

toditos, en conclusión,

sin que escapara ninguno,

jueron pasando uno a uno

a juntarse en un rincón.

Y allí las pobres hermanas,

las madres y las esposas

redamaban cariñosas

sus lágrimas de dolor;

pero gemidos de amor

no remedian estas cosas.

Nada importa que una madre

se desespere o se queje,

que un hombre a su mujer deje

en el mayor desamparo;

hay que callarse, o es claro

que lo quiebran por el eje.

Dentran despúes a empeñarse

con este o aquel vecino;

y, como en el masculino,

el que menos corre, vuela,

deben andar con cautela

las pobres, me lo imagino.

Muchas al Juez acudieron,

por salvar de la jugada;

el les hizo una cuerpiada,

y, por mostrar su inocencia,

les dijo: "Tengan pacencia

pues yo no puedo hacer nada."

Ante aquella autoridá

permanecían suplicantes,

y, después de hablar bastante,

"Yo me lavo"; dijo el Juez,

"Como Pilatos los pies:

esto lo hace el Comendante."

De ver tanto desamparo

el corazón se partía;

había madre que salía

con dos; tres hijos o más,

por delante y por detrás,

y las maletas vacías.

"¿Dónde irán?", Pensaba yo,

"¿a perecer de miseria?

Las pobres, si de esta feria

hablan mal, tienen razón;

pues hay bastante materia

para tan justa aflición."