La vuelta · 1879

Canto 24

XXIV

10 estrofas · 60 versos

Me le escapé con trabajo

en diversas ocasiones;

era de los adulones;

me puso mal con el Juez;

hasta que al fin una vez

me agarró en las eleciones.

Ricuerdo que esa ocasión

andaban listas diversas;

las opiniones dispersas

no se podían arreglar:

decían que el Juez, por triunfar,

hacía cosas muy perversas.

Cuando si riunió la gente

vino a proclamarla el ñato,

diciendo con aparato

"Que todo andaría mal,

si pretendía cada cual

votar por un candilato."

Y quiso al punto quitarme

la lista que yo llevé,

mas yo se la mesquiné,

y ya me gritó: "¡anarquista!

Has de votar por la lista

que ha mandao el Comiqué."

Me dió verguenza de verme

tratado de esa manera;

y como si uno se altera

ya no es fácil que se ablande,

le dije: "Mande el que mande,

yo he de votar por quien quiera."

"En las carpetas de juego

y en la mesa eletoral,

a todo hombre soy igual,

respeto al que me respeta,

pero el naipe y la boleta

naides me lo ha de tocar."

Ahi no más ya me cayó

a sable la polecía;

aunque era una picardía

me decidí a soportar,

y no los quise peliar

por no perderme ese día.

Atravesao me agarró

y se aprovechó aquel ñato;

dende que sufrí ese trato

no dentro donde no quepo;

fi a jinetiar en el cepo

por cuestión de candilatos.

Injusticia tan notoria

no la soporté de flojo;

una venda de mis ojos

vino el suceso a voltiar:

vi que teníamos que andar

como perro con tramojo.

Dende equellas eleciones

se siguió el batiburrillo;

aquél se volvió un ovillo

del que no había ni noticia,

¡es señora la justicia...

Y anda en ancas del mas pillo!