La vuelta · 1879

Canto 23

XXIII

20 estrofas · 120 versos

Un nápoles mercachifle

que andaba con un arpista,

cayó también en la lista

sin dificultá ninguna:

lo agarré a la treinta y una

y le daba bola vista.

Se vino haciendo el chiquito,

por sacarme esa ventaja;

en el pantano se encaja,

aunque robo se le hacía;

lo cegó santa lucía

y desocupó las cajas.

¡Lo hubieran visto afligido

llorar por las chucherías!

"Me gañao con picardía",

decía el gringo y lagrimiaba,

mientras yo en un poncho alzaba

todita su mercheria.

Quedó allí aliviao del peso

sollozando sin consuelo;

había caido en el anzuelo,

tal vez porque era domingo,

y esa calidá de gringo

no tiene Santo en el cielo.

Pero poco aproveché

de fatura tan lucida;

el diablo no se descuida,

y a mí me seguía la pista

un ñato muy enredista

que era Oficial de partida.

Se me presentó a esigir

la multa en que había incurrido,

que el juego estaba prohibido,

qus iba a llevarme al cuartel

tuve que partir con él

todo lo que había alquirido.

Empecé a tomarlo entre ojos

por esa albitrariedá;

yo había ganao, es verdá,

con recursos, eso sí;

pero el me ganaba a mí

fundao en su autoridá.

Decían que por un delito

mucho tiempo anduvo mal;

un amigo servicial

lo compuso con el Juez,

y poco tiempo después

lo pusieron de Oficial.

En recorrer el partido

continuamente se empleaba;

ningún malevo agarraba,

pero traia en un carguero

gallinas, pavos, corderos

que por ahi recoletaba.

No se debía permitir

el abuso a tal estremo.

Mes a mes hacía lo mesmo,

y ansí decía el vecindario:

"Este ñato perdulario

ha resucitao el diezmo."

La echaba de guitarrero

y hasta de concertador:

sentao en el mostrador

lo hallé una noche cantando

y le dije: "Co...mo...quiando

con ganas de oir un cantor."

Me echó el ñato una mirada

que me quiso devorar,

mas no dejó de cantar

y se hizo el desentendido;

pero ya había conocido

que no lo podía pasar.

Una tarde que me hallaba

de visita... vino el ñato,

y para darle un mal rato

dije juerte: "na...to...ribia,

no cebe con la agua tibia",

y me la entendió el mulato.

Era todo en el juzgao,

y como que se achocó,

ahi no más me contestó:

"Cuanto el caso se presiente

te he de hacer tomar caliente,

y has de saber quién soy yo."

Por causa de una mujer

se enredó más la cuestión;

le tenía el ñato afición;

ella era mujer de ley,

moza con cuerpo de güey,

muy blanda de corazón.

La hallé una vez de amasijo;

estaba hecha un embeleso,

y le dije: "Me intereso

en aliviar sus quehaceres,

y ansí, señora, si quiere

yo le arrimaré los güesos."

Estaba el ñato presente

sentado como de adorno;

por evitar un trastorno

ella, al ver que se dijusta,

me contestó: "Si usté gusta,

arrímelos junto al horno."

Ahi se enredó la madeja

y su enemistá conmigo;

se declaró mi enemigo,

y, por aquel cumplimiento,

ya sólo buscó el momento

de hacerme dar un castigo.

Yo vía que aquel maldito

me miraba con rencor,

buscando el caso mejor

de poderme echar el pial;

y no vive más el lial

que lo que quiere el traidor.

No hay matrero que no caiga,

ni arisco que no se amanse;

ansí, yo, dende aquel lance,

no salía de algún rincón,

tirao como el San Ramón

después que se pasa el trance.