La vuelta · 1879

Canto 30

XXX

104 estrofas · 606 versos

Mientras suene el encordao,

mientras encuentre el compás

yo no he de quedarme atrás

sin defender la parada,

y he jurado que jamás

me la han de llevar robada.

Atiendan, pues, los oyentes

y cáyense los mirones;

a todos pido perdones,

pues a la vista resalta

que no está libre de falta

quien no está de tentaciones.

A un cantor le llaman güeno

cuando es mejor que los piores;

y sin ser de los mejores,

encontrándose dos juntos,

es deber de los cantores

el cantar de contrapunto.

El hombre debe mostrarse

cuando la ocasión le llegue;

hace mal el que se niegue,

dende que lo sabe hacer;

y muchos suelen tener

vanagloria en que los rueguen.

Cuando mozo fuí cantor

(es una cosa muy dicha);

mas la suerte se encapricha

y me persigue costante:

de ese tiempo en adelante

canté mis propias desdichas.

Y aquellos años dichosos

trataré de recordar;

veré si puedo olvidar

tan desgraciada mudanza,

y quien se tenga confianza

tiemple, y vamos a cantar.

Tiemple y cantaremos juntos;

trasnochadas no acobardan.

Los concurrentes aguardan,

y porque el tiempo no pierdan,

haremos gemir las cuerdas

hasta que las velas no ardan.

Y el cantor que se presiente,

que tenga o no quien lo ampare,

no espere que yo dispare

aunque su saber sea mucho:

vamos en el mesmo pucho

a prenderle hasta que aclare.

Y seguiremos si gusta

hasta que se vaya el día;

era la costumbre mía

cantar las noches enteras:

había entonces, donde quiera,

cantores de fantasía.

Y si alguno no se atreve

a seguir la caravana,

o si cantando no gana,

se lo digo sin lisonja:

haga sonar una esponja

o ponga cuerdas de lana.

yo no soy, señores míos,

sino un pobre guitarrero,

pero doy gracias al Cielo

porque puedo, en la ocasión,

toparme con un cantor

que esperimente a este negro.

Yo también tengo algo blanco,

pues tengo blancos los dientes;

sé vivir entre las gentes

sin que me tengan en menos:

quien anda en pagos ajenos

debe ser manso y prudente.

Mi madre tuvo diez hijos,

los nueve muy regulares;

tal vez por eso me ampare

la providencia divina:

en los güevos de gallina

el décimo es el mas grande.

El negro es muy amoroso,

aunque de esto no hace gala;

nada a su cariño iguala

ni a su tierna voluntá;

fs lo mesmo que el macá:

cría los hijos bajo el ala.

Pero yo he vivido libre

y sin depender de naides;

siempre he cruzado los aires

como el pájaro sin nido;

cuanto se lo he aprendido

porque me lo enseñó un flaire.

Y sé como cualquier otro

el porqué retumba el trueno;

por qué son las estaciones

del verano y del invierno;

sé también de donde salen

las aguas que cain del cielo.

Yo sé lo gue hay en la tierra

en llegando al mesmo centro;

en dónde se encuentra el oro,

en dónde se encuentra el Fierro

y en dónde viven bramando

loe volcanes que echan juego.

Yo sé del fondo del mar

donde los pejes nacieron;

yo sé por que crece el árbol,

y por que silban los vientos:

cosas que inoran los blancos

las sabe este pobre negro.

Yo tiro cuando me tiran;

cuando me aflojan, aflojo;

no se ha de morir de antojo

quien me convide a cantar;

para conocer a un cojo

lo mejor es verlo andar.

Y si una falta cometo

en venir a esta riunión,

echándola de cantor,

pido perdón en voz alta

pues nunca se halla una falta

que no esista otra mayor.

De lo que un cantor esplica

no falta qué aprovechar

y se le debe escuchar

aunque sea negro el que cante:

apriende el que es inorante,

y el que es sabio, apriende más.

Bajo la frente mas negra

hay pensamiento y hay vida.

La gente escuche tranquila,

no me haga ningún reproche:

tambien es negra la noche

y tiene estrellas que brillan.

Estoy, pues, a su mandao;

empiece a echarme la sonda,

si gusta que le responda,

aunque con lenguaje tosco:

en leturas no conozco

la jota, por ser redonda.

¡Ah, negro!, si sos tan sabio

no tengás ningun recelo:

pero has tragao el anzuelo

y al compás del estrumento

has de decirme al momento

cuál es el canto del Cielo.

cuentan que de mi color

Dios hizo al hombre primero,

más los blancos altaneros,

los mesmos que lo convidan,

hasta de nombrarlo olvidan

y sólo le llaman negro.

Pinta el blanco negro al diablo,

y el negro, blanco lo pinta;

blanca la cara o retinta

no habla en contra ni en favor:

de los hombres el Criador

no hizo dos clases distintas.

Y después de esta alvertencia

que al presente viene al pelo,

veré, señores, si puedo,

sigún mi escaso saber,

con claridá responder

cuál es el canto del cielo.

Los cielos lloran y cantan

hasta en el mayor silencio:

lloran al cair el rocío

cantan al silbar los vientos

lloran cuando cain las aguas.

Cantan cuando brama el trueno.

Dios hizo al blanco y al negro

sin declarar los mejores;

les mandó iguales dolores

bajo de una mesma cruz;

mas también hizo la luz

pa distinguir los colores.

Ansi, ninguno se agravie;

no se trata de ofender,

a todo se ha de poner

el nombre con que se llama,

y a naides le quita fama

lo que recibio al nacer.

Y ansí me gusta un cantor

que no se turba ni yerra;

y si en tu saber se encierra

el de los sabios projundos;

decíme cual en el mundo

es el canto de la tierra.

es pobre mi pensamiento,

es escasa mi razón,

mas pa dar contestación

mi inorancia no se arredra:

también da chispas la piedra

si la golpia el eslabón.

Y le daré una respuesta

sigún mis pocos alcances:

forman un canto en la tierra

el dolor de tanta madre,

el gemir de los que mueren

y el llorar de los que nacen.

moreno, alvierto que trais

bien dispuesta la garganta;

sos varón, y no me espanta

verte hacer esos primores;

en los pájaros cantores

solo el macho es el que canta.

Y ya que al mundo vinistes

con el sino de cantar,

no te vayás a turbar,

no te agrandés ni te achiques;

es preciso que me expliques

cuál es el canto del mar.

a los pájaros cantores

ninguno imitar pretiende;

de un don que de otro depende

naides se debe alabar,

pues la urraca apriende a hablar,

pero sólo la hembra apriende.

Y ayúdame, ingenio mío,

para ganar esta apuesta;

mucho el contestar me cuesta.

Pero debo contestar;

yoy a decir en respuesta

cuál es el canto del mar.

Cuando la tormenta brama,

el mar, que todo lo encierra,

canta de un modo que aterra,

corno si el mundo temblara:

parece que se quejara

de que lo estreche la tierra.

toda tu sabiduría

has de mostrar esta vez;

ganarás sólo que estés

en baca con algún Santo.

La noche tiene su canto,

y me has de decir cuál es.

no galope, que hay aujeros,

le dijo a un guapo un prudente

le contestó humildemente:

la noche por cantos tiene

esos ruidos que uno siente

sin saber por dónde vienen.

Son los secretos misterios

que las tinieblas esconden;

son los ecos que responden

a la voz del que da un grito;

como un lamento infinito

que viene no sé de dónde.

A las sombras sólo el sol

las penetra y las impone;

en distintas direcciones

se oyen rumores inciertos:

son almas de los que han muerto,

que nos piden oraciones.

moreno, por tus respuestas

yo te aplico el cartabón,

pues tenés desposición

y sos estruido, de yapa:

ni las sombras se te escapan

para dar esplicación.

Pero cumple su deber

el lial diciendo lo cierto,

y, por lo tanto, te alvierto

que hemos de cantar los dos,

dejando en la paz de Dios

las almas de los que han muerto.

Y el consejo del prudente

no hace falta en la partida;

siempre ha de ser comedida

la palabra de un cantor.

Y aura quiero que me digas

de dónde nace el amor.

a pregunta tan escura

trataré de responder,

aunque es mucho pretender

de un pobre negro de estancia,

mas conocer su inorancia

es principio del saber.

Ama el pájaro en los aires

que cruza por donde quiera,

y si al fin de su carrera

se asienta en alguna rama,

con su alegre canto llama

a su amante compañera.

La fiera ama en su guarida,

de la que es rey y señor;

allí lanza con juror

esos bramidos que espantan,

porque las fieras no cantan:

las fieras braman de amor.

Ama en el fondo del mar

el pez de lindo color;

ama el hombre con ardor;

ama todo cuanto vive:

de Dios vida se recibe,

y donde hay vida, hay amor.

me gusta, negro ladino,

lo que acabás de esplicar;

ya te empiezo a respetar;

aundue al principio me rei,

y te quiero preguntar

lo que entendés por la ley.

hay muchas dotorerías

que yo no puedo alcanzar;

dende que aprendí a inorar

de ningún saber me asombro,

mas no ha de llevarme al hombro

quien me convide a cantar.

Yo no soy cantor ladino

y mi habilidá es muy poca;

más cuando cantar me toca

me defiendo en el combate,

porque soy como los mates:

sirvo si me abren la boca.

Dende que elige a su gusto,

lo más espinoso elige;

pero esto poco me aflige

y le contesto a mi modo:

la ley se hace para todos,

mas sólo al pobre le rige.

La ley es tela de araña

-en mi inorancia lo esplico-.

No la tema el hombre rico;

nunca la tema el que mande;

pues la ruempe el bicho grande

y sólo enrieda a los chicos.

Es la ley como la lluvia:

nunca puede ser pareja;

el que la aguanta se queja,

pero el asunto es sencillo:

la ley es como el cuchillo:

no ofiende a quien lo maneja.

Le suelen llamar espada

y el nombre le viene bien;

los que la gobiernan ven

a dónde han de dar el tajo:

le cai al que se halla abajo

y corta sin ver a quién.

Hay muchos que son dotores,

y de su cencia no dudo;

mas yo soy un negro rudo

y aunque de esto poco entiendo,

estoy diariamente viendo

que aplican la del embudo.

moreno, vuelvo a decirte:

ya conozco tu medida;

has aprovechao la vida,

y me alegro de este encuentro;

ya veo que tenés adentro

capital pa esta partida.

Y aura te voy a decir;

porque en mi deber está

(y hace honor a la verdá

quien a la verdá se duebla)

que sos por juera tinieblas

y por dentro claridá.

No ha de decirse jamás

que abusé de tu pacencia,

y en justa correspondencia,

si algo querés preguntar,

podés al punto empezar,

pues ya tenés mi licencia.

no te trabes lengua mía;

no te vayas a turbar;

nadie acierta antes de errar,

y, aunque la fama se juega,

el que por gusto navega

no debe temerle al mar.

Voy a hacerle mis preguntas,

ya que a tanto nne convida,

y vencerá en la partida

si una esplicación me da

sobre el tiempo y la medida,

el peso y la cantidá.

Suya sera la vitoria

si es que sabe contestar;

se lo debo declarar

con claridá, no se asombre,

pues hasta aura ningún hombre

me lo ha sabido esplicar.

Quiero saber y lo inoro,

pues en mis libros no está

-y su respuesta vendrá

a servirme de gobierno-,

para que fin el Eterno

ha criado la cantidá.

moreno, te dejas cair

como carancho en su nido;

ya veo que sos prevenido,

mas también estoy dispuesto;

veremos si te contesto

y si te das por vencido.

Uno es el sol, uno el mundo,

sola y única es la luna

ansí han de saber que Dios

no crió cantidá ninguna.

El ser de todos los seres

solo formo la unidá;

lo demás lo ha criado el hombre

después que aprendió a contar.

verernos si a otra pregunta

da una respuesta cumplida:

ei ser que ha criado la vida

lo ha de tener en su archivo,

mas yo inoro que motivo

tuvo al formar la medida.

escuchá con atención

lo que en mi inorancia arguyo:

la medida la inventó

el hombre para bien suyo;

y la razón no te asombre,

pues es fácil presumir:

Dios no tenía que medir

sino la vida del hombre.

si no falla su saber

por vencedor lo confieso;

debe aprender todo eso

quien a cantar se dedique;

y aura quiero que me esplique

la que significa el peso.

Dios guarda entre sus secretos

el secreto que eso encierra,

y mandó que todo peso

cayera siempre en la tierra;

y sigún compriendo yo,

dende que hay bienes y males,

jué el peso para pesar

las culpas de los mortales.

si responde a esta pregunta

tengase por vencedor

(doy la derecha al mejor);

y respóndame al momento:

¿cuándo formó Dios el tiempo

y por que lo dividió?

Moreno, voy a decir,

sigún mi saber alcanza:

el tiempo sólo es tardanza

de lo que está por venir;

no tuvo nunca principio

ni jamás acabará,

porque el tiempo es una rueda.

Y rueda es eternidá.

Y si el hombre lo divide,

sólo lo hace, en mi sentir,

por saber lo que ha vivido

o le resta que vivir.

Ya te he dado mis respuestas,

mas no gana quien despunta;

si tenés otra pregunta

o de algo te has olvidao,

siempre estoy a tu mandao

para sacarte de dudas.

No procedo por soberbia

ni tampoco por jactancia,

mas no ha de faltar costancia

cuando es preciso luchar;

y te convido a cantar

sobre cosas de la estancia.

Ansi prepará, moreno,

cuanto tu saber encierre,

y sin que tu lengua yerre,

me has de decir lo que empriende;

el que del tiempo depende,

en los meses que train erre.

De la inorancia de naides

ninguno debe abusar;

y aunque me puede doblar

todo el que tenga más arte,

no voy a ninguna parte

a dejarme machetiar.

He reclarao que en leturas

soy redondo como jota;

no avergüence mi redota,

pues con claridá le digo:

no me gusta que conmigo

naides juegue a la pelota.

Es güena ley que el más lerdo

debe perder la carrera;

ansí le pasa a cualquiera,

cuando en competencia se halla

un cantor de media talla

con otro de talla entera.

¿No han visto en medio del campo

al hombre que anda perdido,

dando güeltas afligido,

sin saber donde rumbiar

ansí le suele pasar

a un pobre cantor vencido.

También los árboles crujen

si el ventarrón los azota,

y si aquí mi queja brota

con amargura, consiste

en que es muy larga y muy triste

la noche de la redota.

Y dende hoy en adelante,

pongo de testigo al Cielo

para decir sin recelo

que, si mi pecho se inflama.

No cantaré por la fama

sino por buscar consuelo.

Vive ya desesperao

quien no tiene qué esperar;

a lo que no ha de durar

ningún cariño se cobre;

alegrías en un pobre

son anuncios de pesar.

Y este triste desengaño

me durará mientras viva;

aunque un consuelo reciba

jamás he de alzar el vuelo:

quien no nace para el cielo

de balde es que mire arriba.

Y suplico a cuantos me oigan

que me permitan decir

que, al decidirme a venir,

no sólo jué por cantar,

sino porque tengo a más

otro deber que cumplir.

Ya saben que de mi madre

jueron diez los que nacieron,

mas ya no esiste el primero

y mas querido de todos:

murió por injustos modos

a manos de un pendenciero.

Los nueve hermanos restantes

como güerfanos quedamos;

dende entonces lo lloramos

sin consuelo, creanmeló,

y al hombre que lo mató,

nunca jamás lo encontramos.

Y queden en paz los güesos

de aquel hermano querido;

a moverlos no he venido,

mas, si el caso se presienta,

espero en Dios que esta cuenta

se arregle como es debido.

Y si otra ocasión payamos

para que esto se complete,

por mucho que lo respete,

cantaremos, si le gusta,

sobre las muertes injustas.

Que algunos hombres cometen.

Y aquí, pues, señores míos,

diré, como en despedida,

que todavía andan con vida

los hermanos del dijunto,

que recuerdan este asunto

y aquella muerte no olvidan.

Y es misterio tan projundo

lo que está por suceder,

que no me debo meter

a echarla aquí de adivino;

lo que decida el destino

después lo habran de saber.

al fin cerrastes el pico

después de tanto charlar;

ya empezaba a maliciar,

al verte tan entonao,

que traías un embuchao

y no lo querías largar.

Y ya que nos conocemos,

basta de conversación;

para encontrar la ocasión

no tienen que darse priesa;

ya conozco yo que empieza

otra clase de junción.

Yo no sé lo que vendrá;

tampoco soy adivino;

pero firme en mi camino

hasta el fin he de seguir:

todos tienen que cumplir

con la ley de su destino.

Primero jué la frontera

por persecución de un juez;

los indios jueron después,

y, para nuevos estrenos,

aura son estos morenos

pa alivio de mi vejez.

La madre echó diez al mundo,

lo que cualquiera no hace,

y tal vez de los diez pase

con iguales condiciones:

la mulita pare nones,

todos de la mesma clase.

A hombre de humilde color

nunca sé facilitar;

cuando se llega a enojar

suele ser de mala entraña:

se vuelve como la araña,

siempre dispuesta a picar.

Yo he conocido a toditos

los negros mas peliadores;

había algunos superiores

de cuerpo y de vista...¡Ahijuna!

si vivo, les daré una...

historia de las mejores.

Mas cada uno ha de tirar

en el yugo en que se vea;

yo ya no busco peleas,

las contiendas no me gustan,

pero ni sombras me asustan

ni bultos que se menean.

La creia ya desollada,

mas todavía falta el rabo,

y por lo visto no acabo

de salir de esta jarana;

pues esto es lo que se llama

remacharsele a uno el clavo.